jueves, 7 de enero de 2016

¿Algo de justicia?



No es fácil luchar por fotografiarla cuando se le asiste en lo que hace, porque surgen temas como qué tipo de música se pone de fondo, que si los picheles de agua, que si la sal, que si la pimienta, que si la mantequilla, que si el pan, que si las velas, que si las luces, que si los adornos, que si hay que ofrecer alguna otra bebida, que si los Nenes, que si los otros Nenes, que si hay interrupciones, que si hay llamadas telefónicas, que si las incomodidades, que si las carreras, que si todo está bien, que ¿qué más? ¿Más? ¿Acaso paramos?

En esas dinámicas, se me cruzan tantas imágenes que quiero capturar, que se me escapan por no estar lo suficientemente preparado, porque lo que ella crea, merece, como mínimo, una justicia fotográfica total y absoluta.

Hubo una pareja de señores, de York, Inglaterra, que la llamaron y le expresaron que son conocedores del buen comer, que han viajado alrededor del mundo, que han estado en los mejores restaurantes de las ciudades más cosmopolitas, porque el comer bien es su pasión. Ellos, como si fueran niños ante una maravilla, le expresaron que no tiene nada que envidiarle a ningún chef de renombre. Ella, sonrojada, pálida de la sorpresa, me dijo: no me digás "te lo dije". Ella sabe que se lo he dicho, con la diferencia que yo no he estado en todos aquellos restaurantes, ni lugares en los que los señores Taylor han estado. Ella aún no cree lo que los Taylor, de corazón, le expresaron. ¿Cómo hacerles justicia a ellos tres?

En el aspecto culinario, ella no tiene comparación, como tratar de comparar la música de Ani DiFranco o un David Byrne con yo qué sé de tipo de música popular. Ella es su propio género. ¿Cómo hacerle justicia?









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