jueves, 22 de octubre de 2015

¿De niños?


Eran niños que se encontraban dedicándose a lo que no iban a ser, aunque soñaban en convertirse en exploradores. A lo largo de esa niñez, soñaban tanto, que nunca se imaginaron que podrían llegar a acercarse a ese sueño. Tanto lo intentaron, aunque la vida también, que en esos caprichos de la vida misma, sus sueños fueron desvanecidos y desechados por razones que no entendían. Era la vida misma.

Pasan los años, aprenden que en sus habilidades está la de simplemente ayudar en todo lo que podían, menos a sí mismos. Siempre se entregaron, siempre se seguirán entregando, porque a veces se les vienen los recuerdos de cuando hasta planificaban cuánto debían racionar los alimentos que tenían en casa, para que les duraran varios días. Llegaron a racionar hasta sus respiraciones, porque no sabían cuánto tendrían que aguantar. Muchas veces pasaba lo mismo, incluso con lo que no era alimentos, sino también con amores. Tenían que vivir, pero tenían que sobrevivir porque hay que luchar constantemente para vivir.

En algunos momentos, en esos tan oscuros, incluso llegaban a pensar en las maneras más eficientes para dejar esta vida, porque de tanta vida, ya sabían cómo ser eficaces y eficientes hasta en las labores que se les asignaban. Siempre les fue más fuerte la curiosidad por vivir que los dolores de la vida misma, así que finalmente encontraron, cada uno, una pasión que los ayudaba a salvarse de sí mismos. Sus vidas fueron tomando caminos diferentes, pero nunca se dejaron.

Dentro de esos vaivenes, hubo algunos logros, algunos de esos que les brindaban más alimentos a sus refrigeradores que a ellos mismos, porque también se acostumbraban a no comer, a ese racionar, empero que nunca racionaron el amor, siempre se arriesgaron... A veces esos logros, o éxitos, o frutos, también les brindaba algunas amistades falsas. Los amores no recíprocos pudieron convertirse en costumbre y nunca se les volvieron costumbre, por esa determinación propia de arriesgarse a no ser correspondidos. Vaya riesgo constante, que nunca fueron correspondidos, pese a que momentáneamente sí. Momentos nomás. Otra vez, vida, no más, nomás.

Poco a poco, se fueron encontrando un poco más consigo mismos, aunque no saben qué tanto se han encontrado a sí mismos, pese a que hay muy pocas personas que tienen, a veces, una mejor idea de ellos que de ellos mismos. Nadie sabe de tanto vaivén, nadie sabe de tantos secretos. Pocos saben de sus logros, pocos saben de su ignorancia, pocos saben de sus conocimientos e inteligencia, menos saben si tiene algo de sabios (ni ellos mismos), pocos saben de sus talentos (a veces ni ellos mismos), aunque parece que varias personas sí saben de sus corazones, porque por eso es que siempre les existe el riesgo de que hay depredadores que los quieran devorar. Y, pocos son quienes se atreven de corazón en acompañarlos a protegerse a sí mismos de esos peligros.

Aún viven, hoy viven, tratando de descifrar todo aquello en lo que se fallaron a sí mismos, para reinventarse, para continuar con esa curiosidad. Hay varios más así, de esas personas que pasan tan desapercibidas, tan invisibles, que incluso en las más complejas adversidades, de repente hasta sonríen y juegan.