martes, 1 de septiembre de 2015

Paz...


En algún momento le hubiera dedicado una foto así a la última dinámica que me llevó a un resultado de corazón decepcionado, ojalá y hubiera sido roto o devastado. Fue una decepción por la falta mía en cuanto a poder aceptar que las diferencias eran fundamentalmente abismales, sobre todo por ciertos comportamientos narcisistas y sociópatas que surgieron con el pasar de los días. No me hubiera percatado de tanto, de no haber sido por otras pocas pasadas experiencias de vida, no necesariamente románticas.

Pasan los días y me percato que de en aquella niñez lo que anduve tratando de extrapolar, o quizás proyectar, o quizás reflejar, era la imagen de una mujer que subconscientemente llegué a idealizar. Esta mujer que idealicé en aquel momento, hoy en día es una persona diferente, aunque real, que me representa una amistad genuina, a quien le tengo un aprecio y respeto muy especial.

Pese a lo vivido, parte de esa dinámica de haber idealizado algo que no se podía dar, era la negación a la que en realidad no he merecido. A veces me cuesta creer que llegué a idealizar tanto que llegué a pensar que era lo mejor que me había pasado en la vida (digo, de eso fallido, de esa decepción). La ironía del asunto es que resultó mucho peor. Eso sucede con lidiar con personas con dosis narcisistas y/o sociopáticas, y/o psicóticas. En otros aspectos, una amiga diría que son vampiros. En ese son antropormórfico, parece que hay una gran diversidad de vampiros, aunque pobres los vampiros mismos por ser utilizados como una metáfora de lo nefasto de lo que puede llegar a ser el ser humano, algo así como lo que se está dando en aspectos políticos en nuestro país.

Sea como vaya viniendo la vida, hoy, en este presente, no hay otra más que vivir lo que nos toca. Admiro y admiraré siempre a las personas que logran ese nivel de humanidad en que se encuentran en una armonía dinámica de paz consigo mismas, porque me resultan inspiradoras y ejemplares.