viernes, 24 de marzo de 2017

De Nayo...


En los últimos años que viví en la Isla de Flores, no pasaba semana sin cruzarnos en algún lado. No sé si su estado de sobriedad era el mismo que estar ebrio. La verdad, nunca lo supe. Lo que sí supe es que vivir en Flores sin saludarnos, porque vivíamos a unos metros del otro, no era digno de decir que vivía en Flores. Se fue parte de la identidad viva de Flores, pero queda su memoria, en vivo, con su constante forma particular de sonreír.